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Pequenos defendem “escala humana”

Alda do Amaral Rocha / Diario Valor Economico Brasil

De Santiago
Eles defendem a produção do vinho em “escala humana”, dizem “fazer arte e não volume”. Também querem aumentar as ainda pequenas vendas ao mercado brasileiro, mas suas metas e preocupações têm um tempo diferente daquele dos grandes produtores de vinho do Chile.
O Movimento dos Produtores de Vinho Independentes (Movi), ou Movimiento de Viñateros Independientes em espanhol, tem
hoje 19 membros, todos pequenas vinícolas, com produção praticamente artesanal. Alguns deles trabalhavam em grandes empresas do setor, mas decidiram fazer o seu próprio vinho, com “sua própria personalidade”.
Para se associar ao Movi, um critério é estar envolvido em todo o processo de produção do vinho, explica Andrés Solar O’Reilly, da Reserva de Caliboro, que produz vinhos no vale do Maule.
Sérgio Avendaño, da Trabun Wines, diz que em sua vinícola, que tem apenas seis funcionários, ele controla todo o processo.
Até cola os rótulos das garrafas. “Queremos tirar a imagem de que o Chile só produz volume e vinho barato”, afirma.
A produção em pequena escala e artesanal eleva os preços dos vinhos produzidos pelas empresas que fazem parte do movimento.
Enquanto a maior parte do vinho chileno vendido no varejo do Brasil tem preço abaixo de R$ 27 por garrafa, segundo a Wines of Chile, os vinhos produzidos pelas vinícolas associadas ao Movi chegam às gôndolas brasileiras na casa dos R$ 100 a garrafa.
Se na grande indústria de vinhos chilena, os volumes de produção se contam em centenas de milhares de caixas, os volumes são bem mais modestos entre esses pequenos vinicultores, algo como 2,5 mil caixas por ano.

Além do envolvimento na produção, garantia de qualidade e práticas sustentáveis também estão entre os critérios para ser membro do Movi, diz Daniela Rojas, diretora operacional da Lagar de Bezana, no Vale Alto Cachapoal. Algo também comum entre alguns desses pequenos produtores de vinho é ter outra atividade. “Não dá dinheiro, é uma paixão”, afirma O’Reilly.
Como a de Ricardo Bezanilla, que criou a Lagar. Falecido há pouco mais de um mês, ele decidiu trocar o plantio de maçã em 1998 pelo cultivo de uvas para produzir vinhos, conta a filha Pilar. “Ele plantava maçã, mas achava sem graça. Dizia que se não conseguisse vender o vinho, poderia bebê-lo”, recordase. “Ele morreu tomando seu vinho”, emocionase. (AAR)

Ellos defienden  la producción de vino a “escala humana”, dicen “Hacer arte, no volumen.”
También quieren aumentar las todavía pequeñas ventas en el mercado Brasileño, pero sus metas y preocupaciones tienen un tiempo diferente que los grandes productores de Vino de Chile.  El Movimiento de los Agricultores Vino independientes (MOVI), Movimiento de Viñateros Independientes en español, tiene hoy 19 miembros, todos ellos pequeñas bodegas, que producen casi de manera artesanal. Algunos de ellos que trabajan en grandes empresas del sector, pero decidieron hacer su propio vino, con “Su propia personalidad.”
Para participar en el Movimiento, un criterio es el de participar en todas las etapas del proceso de producción de vino, explica Andrés Solar O’Reilly de Reserva de Caliboro que produce vinos en el Valle del Maule.

Sergio Avendaño, de Trabun Wines, dice que en su viña, sólo tiene seis empleados y que controla todo el proceso. Hasta pega las etiquetas de las botellas. “Queremos terminar con la imagen de que Chile produce sólo volumen y vino barato “, dice. La producción a pequeña escala y artesanal aumenta los precios de los vinos producidos por las empresas que forman parte del movimiento.
Mientras que la mayoría de los vinos Chile que se vende en Brasil tiene un precio por debajo de los R$27 por botella, según Wines of Chile, los vinos elaborados por bodegas  asociadas con el movimiento llegan a los estantes en el Brasil alrededor de R$100 la botella.
Si  en la gran industria del vino en Chile los volúmenes de producción se cuentan en centenares de miles de cajas, el volumen entre los bodegueros pequeños son más modestos, algo de 2.500 cajas por año.
Además de la participación en la producción, aseguramiento de la calidad y prácticas sostenibles también estan entre los criterios para ser miembro del Movimiento, dice Daniela Rojas directora de operaciones de Lagar de Bezana, en Valle de Cachapoal.
Algo muy común entre las algunos de estos pequeños productores de vino es para tener otra actividad. “No da dinero, es una pasion “, afirma O’Reilly. Como Ricardo Bezanilla, que creó Lagar. Fallecido hace poco mas de un mes, decidió cambiar la plantación de manzanos en 1998 por el cultivo de uvas para producir vino, cuenta su hija Pilar. “Cultivó manzana, pero no le gustaba. Decía que si no podía vender vino, se lo tomaria”, recuerda. “Él murió de tomando su vino, “dice muy emocionada. (AAR)

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